Se maneja hoy día un modelo compuesto de tres elementos para tratar de explicar la o las posibles causas el Síndrome de Muerte Súbita. Primeramente se piensa que el paciente debe de tener cierta vulnerabilidad, luego se sabe que debe estar en cierto momento de su desarrollo biológico, y por último debe existir una o varias circunstancias que actuen como gatillos o factores precipitantes.

Aunque no se conoce con certeza en qué consiste esa vulnerabilidad, la hipótesis más aceptada es la que menciona que en los pacientes susceptibles hay deficiencia de receptores de serotonina - una sustancia química que funciona como neurotransmisor, comunicando a una neurona con otra- en cierta parte del cerebro conocida como el tallo, donde se encuentran los centros responsables de el despertar, de la regulación de la temperatura corporal, de la frecuencia cardiaca y el centro respiratorio, entre otros. Esto podría explicar porqué los bebés vulnerables no despiertan y reaccionan al ser sometidos a ciertos estímulos dañinos (ej.: el estar reciclando el aire que exhalan, rico en dióxido de carbono y pobre en oxígeno, cuando son acostados boca abajo o en una superficie muelle que impide la buena ventilación).

Sabemos desde hace tiempo que el Síndrome de Muerte Súbita se presenta en niños menores de un año de edad y que el 90% de los niños que por ello mueren tienen menos de 6 meses de edad, siendo raro durante el primer mes de vida y mucho más visto entre los 2 y los 3 meses de edad.

Sabemos también que es más común el síndrome entre los niños que nacen antes de término o entre aquellos que nacen con bajo peso, que son hijos de madres que fumaron durante el embarazo, o de madres muy jóvenes. El que la madre no haya tenido un buen control médico durante el embarazo o el que el bebé sea varón también son factores que aumentan el riesgo.

La manera de dormir al bebé también influye sobre la posibilidad de morir víctima de éste síndrome. Tienen mayor riesgo aquellos bebés menores de un año que son dormidos boca abajo o de lado, los que duermen en cama de sus papás o de sus hermanos, los que son cubiertos con sábanas, cobijas o muchas capas de ropa, los que duermen con juguetes, almohadas, "triángulos", o protectores de barrotes, los que duermen sobre superficies blandas o sobre zaleas y los que duermen en la misma casa donde alguién fuma dentro (aun y cuando fume en un cuarto diferente al del bebé).